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Monte Chingolo

Del libro de Gustavo Plis-Sterenberg, Monte Chingolo, La mayor batalla de la guerrilla argentina.
Del libro de Gustavo Plis-Sterenberg, Monte Chingolo, La mayor batalla de la guerrilla argentina.

El 17 de diciembre de 1975, el Gobierno Nacional decidió anticipar las elecciones generales: la acechanza golpista y la grave situación económica amenazaban a la presidente Isabel Martínez de Perón, quién ya había ofrecido su renuncia, pero numerosas complicidades,  y la idea de imponer la ruptura institucional, optaron por que el golpe madurara. El 18 de diciembre la Fuerza Aérea se sublevó y si bien los sediciosos se rindieron el lunes 22 —las amotinados se habían refugiado en la base aérea de Morón —, la débil reacción del sindicalismo y la indiferencia ciudadana ante la acechanza militar, operó  como termómetro político.

Para muchos, el gobierno democrático había llegado a su fin.

En ese clima social y político, el 23 de diciembre, aproximadamente 200 integrantes del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) intentaron copar el depósito de Arsenal General Viejobueno.  El grupo tenía información de que allí se almacenaba una cantidad significativa de pertrechos bélicos, custodiados por un número pequeño de soldados, las armas serían trasladadas  al Norte en camiones cisternas reacondicionados, cada uno con un acoplado.

Aquella acción tendría como objetivo, más allá del apoderamiento de pertrechos—según Daniel De Santis—, “presentar a la guerrilla a la población con una gran capacidad militar, que ya no era guerrilla de repartos, de las tomas de comisarías, sino que podía dar grandes golpes al enemigo y eso alentaría la lucha popular” (Gustavo Plis-Sterenberg, pag. 83).

Al respecto, podemos mencionar que las operaciones del grupo no eran nuevas en la zona, el lunes 28 de agosto a las 15.45, habían tomado la sucursal del Banco Río de La Plata de Ezpeleta —Carbonari y Lavalle—. En esa oportunidad, 15 personas se llevaron treinta millones (posteriormente los medios mencionaron que la cifra había sido de quince).

Pero aquella maniobra exitosa no se podría repetir en Monte Chingolo.

En noviembre la Jefatura II de inteligencia del Ejército habría confirmado el ataque, con una fuente central que era Jesús Ramés Ranier, el Oso, infiltrado en el ERP. Consecuentemente, los militares habían reforzado el batallón desde el 20 de diciembre.

No suena ilógico, la capacidad de espionaje interno del ejército era poderosa. Gustavo Plis- Steremberg (2009) menciona que a mediados de los setenta, funcionaban nueve servicios de inteligencia controlados por las fuerzas armadas —las mismas contaban con un número que variaba entre 10.000 y 12.000 agentes, más 30.000 informantes dispersos—.  El Oso provenía de la FAP – 17 de octubre (Fuerzas Armadas Peronistas), había participado en el atentado que en 1973 mató al dirigente del gremio automotor Dirk Kloosterman y comenzó a ser informante a partir de ser detenido. Así, cuando el grupo de las FAP se incorpora al ERP su rol de entregador se trasladó a otra organización.

El caso es curioso, el Oso, si bien generaba desconfianza en integrantes del grupo, era defendido por algunos altos mandos, incluso más allá de las numerosas detenciones que se producían, entre ellas la de Julio Eliseo Ledesma, a cargo de la preparación del ataque —que había comenzado a planificarse en agosto del 75—.

Al mediodía comenzó la operación, un Mercedez Benz 1112 azul que iba de Florencio Varela a San Martín fue interceptado por un Falcon blanco: “Somos del ERP”. Primero fue Lomas de Zamora, sumando combatientes, luego sería Glew. Ahí se incorporó un 504, combatientes y armas: dos morteros con proyectiles, ametralladoras, trípodes. Desde la mañana, sobre Cadorna, se habían instalado puestos de venta de sidra y pan dulce a precios muy bajos, cuyos vendedores oportunamente se sumaron al ataque.

Parte de los autos utilizados fueron tomados del Hotel Molino Blanco, en el que a las 19, el conserje atendió a una pareja (un hombre de 50 años con una joven de 17) que lo redujo. Minutos después cincuenta guerrilleros tomaron cinco autos del estacionamiento. Allí mismo se organizó el reparto de armas y el orden del convoy (Gustavo Plis-Sterenberg, pag. 235), allí también quedó en claro que las armas no alcanzarían para todos los combatientes.Catorce vehículos salieron del Molino Blanco, a la cabeza de la caravana iba el Mercedez Benz que arremetió contra el portón de guardia del batallón, ubicado sobre camino General Belgrano —ese grupo era la compañía Héroes de Trelew— y si bien no logró derribarlo, una rotura permitió el ingreso de los atacantes(nueve autos que se distribuyeron en forma de abanico), bajo un fuego a discreción.Adentro, una ametralladora pesada los esperaba en el puesto de guardia. El coronel Eduardo Abud, quién ya los había visto llegar desde la torre del tanque de agua Norte, aguardó el momento preciso para usar su MAG.

Los vecinos confundieron los primeros disparos con fuegos de artificios y pronto cayeron víctimas accidentales. Un combate que no contemplaría treguas: cuatro horas de enfrentamiento convirtieron al batallón y las zonas aledañas en un infierno.

El ejército, una vez asegurada la posición interna, comenzó a batir la IAPI en busca de prófugos. Cabe destacar que la versión oficial no reconoció  heridos ni detenidos, aunque posteriormente la prensa difundiría otra información. La contraofensiva continuó hasta la madrugada.

 El primer medio gráfico en llegar al lugar fue el diario El Sol, los testimonios mencionan que desde dos terrenos libres, que pertenecían a dos frigoríficos, se podían observar los disparos de seis helicópteros y una misteriosa avioneta sin luces.

La acción dejó como saldo un alto número de bajas y la consecuente represión con los vencidos. Seis militares murieron.Los muertos civiles, aunque no se precisaron, se estiman en decenas. Según testimonios se produjeron fusilamientos la noche posterior al ataque.

oso_grEl 31 de diciembre se difundiría que habían sido inhumados en el cementerio de Avellaneda, en una fosa común, 49 cuerpos, de los cuales 25 habían sido identificados.  Se daba por sentada la muerte de vecinos que no habían participado del hecho y oficialmente, no hubo detenciones de atacantes, aunque el expediente 23.849 (Página 12, 26 de diciembre de 1999, pag. 13) da cuenta de la captura y traslado de guerrilleros apresados con vida.

La operación marcó prácticamente el fin del ERP, en el preludio de lo que sería el golpe. Al poco tiempo, apareció un cuerpo en Flores, un cartel como epitafio lo describía: “Soy Jesús Ranier, traidor a la revolución y entregador de compañeros”.

 Jorge Márquez

 

Bibliografía

Plis- Sterenberg, Gustavo (2007), Monte Chingolo, La mayor batalla de la guerrilla argentina, Buenos Aires, Espejo de la Argentina, Planeta.

Seoane, María, Todo o Nada, Buenos Aires, Planeta.

Diario El Sol, 31 de diciembre de 1975.

Diario Página 12, 26 de diciembre 1999.

Página 12, Los prisioneros del ataque a Monte Chingolo, A 24 AÑOS DEL INTENTO DE COPAMIENTO DEL ERP SE REVELA QUE HUBO SOBREVIVIENTES en https://www.pagina12.com.ar/1999/99-12/99-12-26/pag13.htm

Clarín, Las tumbas de Monte Chingolo, reveladas treinta años después, 23/01/2006  en https://www.clarin.com/ediciones-anteriores/tumbas-monte-chingolo-reveladas-treinta-anos-despues_0_B1pMK48JCYx.html

 

 

 

 

 

 

 

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