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Fusilamientos del 56, no hay suerte para los héroes

Los fusilamientos del 56 dejaron en evidencia la falta de límites al momento de disciplinar militantes. De José León Suarez, a nuestros barrios, junio marca un tiempo en que algunos héroes fueron despojados de todo por las balas de los bárbaros.
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El 9 de junio del 56 entre las 22 y las 24 horas los generales Juan José Valle y Raúl Tanco encabezaron una rebelión cívico militar contra el gobierno de facto. Los focos principales detonaron en Campo de Mayo, La Plata y La Pampa. En la escuela Técnica 3, Salvador Debenedetti en Alsina y Paláa, pleno centro de Avellaneda, un grupo encabezado por el Coronel José Albino Irigoyen y por el capitán Jorge Costales tenía la misión de instalar lo necesario para transmitir una proclama revolucionaria por radio. La idea era interferir el relato de la pelea de box entre el argentino Eduardo Lausse y el chileno Humberto Loaysa. A partir de eso, se esperaba que civiles y militares se levantaran contra el gobierno.
Sin embargo, el general Pedro Eugenio Aramburu, que sabía de aquella operación, la abortó y aplicó el más inhumano de los castigos: torturas y fusilamientos. El mensaje revolucionario que incluía el compromiso de llamar a elecciones de inmediato, sólo llegó a ser transmitido por el grupo de La Pampa. No hubo juicio ni defensa para los insurgentes, tan solo balas y basurales como epílogo.
En Avellaneda, los rebeldes fueron apresados y llevados a la Comisaría Primera, de allí, se los trasladó a la Unidad Regional de Lanús de la Policía Provincial ubicado en Córdoba y Juncal.
Los quilmeños pertenecientes al Comando de la Resistencia CL113 fueron muertos o detenidos: Aldo Emir Jofré fue torturado hasta morir el 10 de junio;Dante Hipólito Lugo, fusilado, Miguel Ángel Mauriño, ametrallado en el ACA. Román Salas fue apresado y liberado cuando Arturo Frondizi asumió como presidente; sin embargo, después de permanecer 19 meses recluido en Olmos murió como consecuencia de las torturas a las que había sido sometido.
Fermín Jeanneret estuvo detenido en la cárcel de las Heras y ulteriormente en Caseros. Logró escapar con cicatrices a las miserias de esa dictadura, sin embargo su militancia lo llevó a que un destino trágico lograra tatuar de manera indeleble su camino. Después de todo, siempre luchó contra un país imposible: el 6 de abril del 77 fue secuestrado de su casa. Su cuerpo apareció en una fosa común en el cementerio de Lomas de Zamora en julio del 2006. Fermín, como Troxler —que se salvó del fusilamiento de José León Suarez pero fue asesinado por la triple A—, no pudo escapar a su destino de héroe cotidiano despojados de la suerte por las balas de los bárbaros.

Jorge Márquez

 

 

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