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Un naturista donbosquense y la Cocina de la Salud

Cecilio Pesquero llega a la Argentina en los años 20, oriundo de España, del pueblito Brime de Sog, en la provincia de Zamora. Había aquí muchos inmigrantes originarios de ese pueblo, pero tal vez ninguno que compartiera con él su forma muy especial, para aquella época sobre todo, de alimentarse. Cecilio era naturista.
-Pero no uno de esos que comen lechuga nada más – me cuenta su hijo Toto – Mi padre era un hombre que sabía combinar los alimentos que había en la naturaleza. Excepto las carnes rojas, comía pescado y solía comer hasta pollo.
Crea Cecilio una escuela llamada Primera Escuela Experimental de Alimentación Natural. Se había escindido de la Sociedad Naturista porque pensaba que eran muy cerrados: -Esos que decían que los caballos son fuertes porque comen pasto, y no tenían la menor idea de como funcionaba el sistema digestivo de un caballo o una vaca; se la pasaban comiendo pan, uva, higo… pero cuando venían a casa, ¡se comían hasta el plato! – rememora, risueño, Toto.
Funda entonces la mencionada escuela, la única que funcionaba sobre Naturismo, en Carlos Calvo 1310. Tiene también un molino harinero en un local sobre la calle San Martín casi Los Andes, en Don Bosco, pueblo al que llega en el año 1935 y con el cual contribuye de muchísimas formas, pero eso será motivo de otros relatos. Porque Cecilio fue y es parte de la historia del pueblo, así como también lo es Toto.
Un molino de piedra eléctrico, contábamos, donde muele nada más que trigo integral. Con esa harina, en la panadería La Primera de Don Bosco de la calle Chaco le hacen el pan.
La fideería la Pasta Real, de la calle Belgrano en Bernal, produce para él fideos de alfalfa, de tomate, de zanahoria. Él mismo muele y prepara café de cebada y también facturas.
El excedente, lo reparte o vende a precio muy barato._MG_1503f

-Con el tiempo no se pudo seguir, era oneroso- sigue contando Toto- mi papá era un idealista no le importaba lo económico y perdía plata como loco, porque las verduras que usaba eran de lo mejor. En el molino, hicimos los primeros cereales del tipo quaker (pero con trigo) para desayunar. Teníamos unos piletones donde poníamos el trigo a madurar y, una vez listo, o sea cuando había absorbido bastante agua, lo pasábamos por dos cilindros que lo aplastaban, le sacaban el exceso de agua y quedaba como los que hoy conocemos. Los preparábamos y vendíamos así, sin azúcar, sin nada, cada uno lo comía como quería.
En esa época, todavía no sabía Cecilio que su elección y vocación naturista beneficiaría a muchas más personas que a los habitantes de Don Bosco.

Hagamos un poco de historia. A comienzos de 1946, el gobierno de Estados Unidos veta una iniciativa de su propio Congreso de incluir a España en el Plan Marshall.(1).  Días después se firma el protocolo Franco-Perón. Esto implicaba un considerable incremento en la exportación argentina a España, que se había convertido en 1948 en el cuarto cliente en importancia de la Argentina, luego de Gran Bretaña, Estados Unidos e Italia (2).  Un año después, la República Argentina padece una formidable sequía que produce verdaderos estragos en su economía, afectando sensiblemente los últimos tramos del Primer Plan Quinquenal (1947-1951).
Además, el Plan Marshall había permitido que los países europeos dependientes de Argentina, pudieran producir sus propios alimentos o comprarlos a otros proveedores, sumándose así a la pérdida del poder adquisitivo del peso argentino.
Esta situación obliga al gobierno a encarar un plan de estricta economía, elaborando el Plan Económico de Austeridad, en el cual, el 50% de la responsabilidad en la ejecución del mismo, recaía en el propio gobierno, un 25% en los sindicatos, en lo referente a la producción, y el 25% restante, lo debía asumir el pueblo colaborando en el cumplimiento de las normas impartidas por los distintos ministerios.
Uno de los puntos de apoyo, lo brinda el Ministerio de Salud Pública, a cuyo cargo estaba el Dr. Ramón Carrillo, eminente neurólogo y neurocirujano considerado hasta el presente, como el mejor sanitarista que ha tenido la Argentina. Carrillo implementa una masiva campaña de difusión para cambiar los hábitos alimenticios de un pueblo acostumbrado a consumir carne vacuna, incorporando el concepto de la huerta familiar, y creando además, junto a especialistas en nutrición y dietistas, un plan denominado Cocina de la Salud, que consistía en recorrer distintas zonas del país para explicar como debía aprovecharse al máximo los productos regionales y estacionales, para elaborar preparaciones económicas y beneficiosas para la población.
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Decía Ramón Carrillo: “Nuestro país consume -término medio general- 150 kilogramos de carne por persona y por año. Esta cifra es muchísimo mayor en la Capital Federal que en las provincias y territorios. Estados Unidos, que es el país mejor alimentado del mundo, no el que come más, se entiende, sólo consume 69,6 kilogramos de carne por persona y por año. Ahora bien: de acuerdo con los estudios realizados por Salud Pública, la cantidad óptima para el pueblo argentino debe ser de 89,6 kilogramos de carne por persona y por año. O sea, 200 gramos diarios en peso neto, o 240 en peso bruto. En realidad, y desde el punto de vista teórico, 70 kilogramos por persona y por año es la cantidad ideal. Basta y sobra con ella para la plenitud de la salud.”

_MG_1500fA oídos de Carrillo llegan noticias sobre la escuela y sobre el activo naturista de Don Bosco que la había creado; lo convoca, entonces y le comenta acerca del plan Cocina de la Salud, y la creación de un sector en el ministerio dedicado a la alimentación natural.

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Resuelve en parte así el ministro, el problema de la exportación y la reducción del excesivo consumo de carne. Cecilio comienza a trabajar en el ministerio como asesor de Carrillo y viaja por todo el país haciendo congresos y cocinando en salones, unidades básicas. En la Capital Federal, lo hace en todas las plazas públicas de la Capital, también en Gath y Chaves. En las actividades, se explican las recetas, se cocina y hay exposición de platos. Cecilio tiene un equipo de cocineros, de dietólogos, y la gente puede degustar el menú.

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El plan continúa con mucho éxito hasta que Ramón Carrillo deja el ministerio, poco antes del golpe de 1955.

Dejemos también entonces a Cecilio por ahora. Volveremos para contar la próxima de las prometidas historias de este español de nacimiento pero donbosquense de corazón

 

(1). Sobre la elección del momento para la publicación del Protocolo que se perfilaba como un desafío a la política de Estados Unidos, ver las memorias del entonces embajador español en Bs. As.: José María de Areilza, Memorias Exteriores 1947-64, Barcelona, 1984 pp. 216-218; y su despacho al ministro, respecto a su conversación con Perón, AMAE, Leg. R. 2418 exp. 1, 3.4.48.

(2). Para datos sobre la exportación argentina para el año 1948, consultar Presidencia de la Nación, Ministro de Asuntos Técnicos, Anuario Estadístico 1948, Bs. As., 1949, Tomo I, pp. 508-509

Bibliografía
-Revista El Hogar: marzo- junio 1952
-El año en que Argentina hizo dieta- Miguel Krebs
-“ Criterio biológico en el reordenamiento económico de la alimentación en la Argentina” -Conferencia pronunciada por el ministro de Salud Pública, Dr. Ramón Carrillo, en el Teatro Cervantes, el 14 de mayo de 1949, en el curso sobre Política Alimentaria Argentina y publicada en el volumen editado por el Ministerio de Salud Pública, Política Alimentaria Argentina, 1951.
-El Pacto Perón-Franco: justificación ideológica y nacionalismo en Argentina- Raanan Rein , Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe

Mi agradecimiento a Toto Pesquero y a su esposa Susana, por el testimonio y las fotos pertenecientes a la familia que acompañan este escrito.

Silvia Marmori

 

 

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