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¿Cómo sentimos a la Argentina?

(A fines del año 2012 se publicó este artículo en un libro titulado: “Quilmes, 346 años y un bicentenario. 1666-1812-2012.  Diez autores para un homenaje”, Editorial Buenos Aires Book. Mucha agua y raudamente ha pasado desde entonces cuando la posible desaparición de la fábrica papelera Massuh SA era una creciente posibilidad.  Una parte del  periodismo de los grandes medios de aquellos no tan lejanos tiempos, mezclados con  los poderes fácticos antinacionales, ciertas realidades objetivas para volver a poner en pie de acción a la papelera, y la abrumadora ineficacia del poder municipal de turno, finalmente desembocaron en su claro y contundente desplome para siempre.  No obstante, las cuestiones históricas que siguen cruzándose en él, y con los hechos, entendemos, siguen vigentes.  Y por ello hoy lo reproducimos en nuestra Revista).

 

¿Cómo sentimos a la Argentina?

La Filosofía Papelera De Massuh Y Algunos Aspectos Del Nacimiento Del Peronismo En San Francisco Solano.

 

Héctor Massuh era un personaje de la élite argentina que supo ser Presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) durante el menemismo, y uno de los célebres mal llamados “Capitanes de la Industria”. Fue también el último dueño de Papelera Massuh SA que comenzó a funcionar en 1957, dentro del Partido de Quilmes, sobre Camino General Belgrano y casi Avda. Amoedo. La fábrica, fundada en los albores militares de la sangrienta “Revolución Libertadora”, se instaló en la periferia de San Francisco Solano, pueblo que había nacido ocho años antes (1949). El Arroyo Las Piedras le sirvió inicialmente de desagüe a sus efluentes, y sus chimeneas algunos días arrojaban al aire el característico olor a huevo podrido de toda papelera. Mano de obra nunca le faltó; tampoco terribles accidentes laborales. Y algunos de sus obreros después del golpe militar de 1976 siguen desaparecidos.

papelera-quilemes-2La realidad periférica de Solano se iría conformando con empresas de ese perfil industrial – que requerían mano de obra más o menos poco calificada, y materias primas provenientes del sector primario de la economía. Celulosa, componentes áridos para el vidrio, dulces, agua y petróleo, eran los insumos altamente demandados, con Cattorini Hermanos a la cabeza (1952), Massuh (1957), Deliflú (aproxm. 1960), Sodibe (aproxm. 1961), El Sol Petróleo (aproxm. 1964), y otros pequeños talleres. Todo ello moldearía un sub polo industrial en el extremo no ribereño de Quilmes. La única que se mantiene desde aquella época es Cattorini Hnos SA, en Avda. Tomás Flores y Avda. Donato Álvarez, fundada por los argentinos Enrique y Humberto Cattorini, hijos de inmigrantes italianos llegados a fines del siglo XIX. Ambos –sin duda un tipo de empresarios arraigados-comenzaron con una fábrica de lavandina en Avellaneda allá por 1937, pasaron por la fabricación de licores, y hoy son el principal proveedor de botellas de vidrio de todo tipo en el país. massuh-5

Tal vez se recuerde aquella escena final de una de las películas de la saga de Bruce Willis, Duro de Matar, cuando le coloca a su feroz enemigo, maniatado, ya sometido, una granada en la boca y lo deja a su suerte sin remordimientos. Aquí, haciendo suyo aquello de “capitán” que huye sirve para otras batallas, Héctor Massuh deja en el 2008 al garete, abandonada, la Planta de Solano y a 600 puestos de trabajo inermes luego de medio siglo de existencia. Fue el final anunciado, prolongado, de las políticas de exterminio neoliberales de la década del 90. Pero también fue el desenlace de una concepción de una parte del gran empresariado nacido gracias a aquel Estado de la Libertadora, antiperonista y anti argentino.

El Estado Nacional no llegó a tiempo, o no pudo, desbaratar o contener esa crisis terminal, y no obtuvo un consenso masivo para hacerlo: cualquier alternativa favorable a la continuidad de la fábrica fue constantemente atacada desde los grandes medios de comunicación. De hecho, también, era altamente complejo articular un salvataje financiero, económico y técnico, luego de aquel abandono, a través de lo que se denominó “Papelera Quilmes”, una fórmula asociativa y cooperativa ad hoc.

 

Massuh Y Jauretche. Papel, Ideología Y Verdad. La Sombra De Facundo.

Pero en este escrito queremos detener la mirada en el primo de Héctor Massuh, Víctor Massuh (1924-2008). Porque nada nace de la nada. Todo tiene su origen y es interesante revisar su génesis. Hay una intricada e interesante relación entre este tipo de empresarios abanderados del neoliberalismo y la ideología que profesan. Conocido como el “filósofo de la familia Massuh”, este hombre gastó, fundió y regurgitó pulpas de eucaliptos y bobinas de la papelera solanense a través de diversas publicaciones a lo largo de su vida

Lo interesante para nosotros aquí será que, Doctorado en Filosofía de la Universidad Nacional de Tucumán, Víctor Massuh escribe en octubre de 1982, cómodamente, desde París, La Argentina como sentimiento (Editorial Sudamericana), donde hace un análisis de ciertas “realidades” nacionales que son aplicables a la fábrica de San Francisco Solano y al con-texto histórico en el que se levantó. Es decir, nos permite ver mejor cómo piensa este tipo de empresariado a la Nación que los ha cobijado y enriquecido, y al pueblo que le ofreció sus brazos, a través de la lupa de un pequeño pueblo como Solano, en el Partido de Quilmes de aquel entonces.

Nuestro país acababa de perder la Guerra de Malvinas en 1982 a manos del imperio anglo norteamericano -heroica tragedia nuestra, gestada por militares comediantes-, y a nuestro mentado filósofo no se le escapa ni una línea de su pluma franco-inglesa sobre tan tremendo hecho contemporáneo de la argentinidad cuando todavía emanaban los vapores de los cañones. Eso sólo dibuja su cabeza dislocada. Le pone entonces a su librito un título tramposo y ganchero: no se refiere al peronismo como sentimiento, o a alguna barra futbolera, tanguera o popular, sino a la Argentina como sentimiento. Titiritero engañador, sustrae los verdaderos grandes temas nacionales utilizando sólo la cáscara. Leonardo Favio todavía le puede dar cátedra con Perón: Sinfonía de un sentimiento (1999).

Formado en el mezquino carácter liberal, individualista (el populismo es la desmesura del pueblo convertido en multitud, dice), para el filósofo papelero, repasando nuestra actual situación, “no existe ningún mal argentino”, excepto la aparición del peronismo (1945-1955) -concepto escamoteado y tergiversado de aquel “secreto” argentino hernandiano-, al que acusa de ritualista, manipulador, liderado por un fervor religioso, un voluntarismo histórico y un caudillismo mesiánico; de haber removido el orden existente y haber extraviado la nacionalidad. Para él, sólo quienes se encuentren “arraiga-dos” en las tradiciones del pasado (pre peronista), ya sean los “propietarios de la tierra” o quienes bajaron de los barcos y se diseminaron por el país, tendrán el hilo conductor que los lleve a captar a la Argentina como sentimiento.

En primer lugar vale tener presente al maestro Arturo Jauretche cuando decía que el peronismo no es consecuencia de un líder caudillista, que propaga irracionalidad y demagogia, sino que Perón es el emergente de procesos históricos complejos, absolutamente explicables con cierto esfuerzo discursivo. Pero Massuh no puede ni imaginar estos procesos, menos comprenderlos, dentro de sus abstractas elucubraciones desde París. Como buen liberal es un auténtico apátrida; la Nación le queda muy chica cuando la escupe con palabras. Si Tales de Mileto (s.VI a.C.) popularizó la imagen del filósofo que se caía al pozo de agua mientras caminaba inmerso en sus abstracciones, Víctor Massuh es la estampa del filósofo que ahoga en el aljibe los grandes temas mientras quiere seguir de a pie, como si no se hubiera tropezado con nada.

Es poco sabido que la emblemática fábrica solanense, y algunas otras del grupo (en San Justo, y en la Provincia de San Luis –Della Penna, orientada a la producción de papelería escolar y de oficina, y proveedor de resmas de papel al Ministerio de Educación y la Anses-), sirvió de sustento a la usina ideológica y libresca del liberalismo argentino. Filosofastro de muy pocos petates, este hombre fue embajador argentino ante la UNESCO durante la dictadura militar, y no nos estaríamos ocupando demasiado de él si no fuera por esta relación entre fábrica/Solano/nacimiento del peronismo/proceso histórico nacional e ideología, y las sombras temibles que esta nueva realidad en la argentina del primer peronismo representa para él, como cuando Sarmiento -y sin punto de comparación en cuanto a la calidad narrativa del sanjuanino con este tilingo afrancesado, pero sí en cuanto a los fantasmas anti argentinos de siempre-, en Facundo, el ex presidente comienza a evocar la sombra maldita del caudillo riojano. Su explicación distorsionada del origen y proceso del peronismo también es una explicación ideológica, una justificación reptiliana, racista, y sesgada, del origen y proceso de la fábrica papelera de su familia y del nacimiento mismo de un pueblo como San Francisco Solano, como tantos otros, que están subterráneos a dicha distorsión. Veamos.

 

Los Mitos De Massuh. Las Tradiciones Del Peronismo. ¿Quién Es La Nación?

De todas las paparruchadas que contiene el libro mencionado hay una que nos sirve de perla para tomarla con los dientes. Dice: Millones de argentinos vivieron sin raíces en la propia patria. Vieron cortado el vínculo con el paisaje rural y tuvieron que vivir una adaptación forzada al medio ciudadano. En los alrededores de Buenos Aires, desprendidos del campo pero sin pertenecer del todo a la ciudad, en esa tierra de nadie donde el asfalto termina, se agruparon para enfrentar el desarraigo; apenas atenuado por la voz de un general carismático que ellos escucharon con el simple agradecimiento de quien se siente protegido (pág. 74). Entonces, este no tener “raíces en la tierra, ni en la tradición, la lengua o el paisaje” anterior llevó a esta masa -que se habría hecho peronista por una vacío existencial de origen-, a la infidelidad con el pasado, a un carácter anti argentino y a una “conducta” negativa.

Sin embargo, podemos decir, muy sucinta pero no excluyentemente de otros elementos, que el peronismo arraiga en, y nace de, varias tradiciones (no nace “ex nihilo” como gustan decir los “filósofos”, de la nada), algunas más viejas que otras, y todas pueden resumirse y patentizarse en el nacimiento y desarrollo de un pueblo como San Francisco Solano, lugar donde la fábrica de la familia Massuh trasciende a la comunidad local y regional. Por ejemplo:

Nace en los símbolos del gaucho martin fierrista (1833-1852): aquel desprovisto de todo excepto de la china, los hijos, un pequeño rancho y gran dominio de las tareas camperas con el ganado vacuno y caballar, que huye hacia la frontera del indio cuando le quieren imponer un modelo de desarrollo industrialista europeo, reemplazando a la población autóctona por la europea, al caudillo por el porteño ilustrado, al tiempo lento y libre de la llanura pampeana por la leva mi-litar, hasta que venga un criollo a esta tierra a mandar. Tal vez ese gaucho histórico de José Hernández, y los variopintos caudillos federales de Provincia ya habían desaparecido en 1945, cuando nace el peronismo, y en 1949, cuando nace Solano, pero no estaba completamente hundida esta cosmovisión del gaucho perseguido por un mundo que desde el origen no es suyo, sino extranjero, que viene invadiéndolo desde afuera hacia adentro, poniéndolo en una posición defensiva, solidaria entre pares, pero que no ceja en una búsqueda integradora, superadora.
Y así era la incipiente población solanense. No tenía la tierra donde asentar el rancho; iba a comprarla con libreta en largas cuotas a TULSA, la primer empresa loteadora (que llevó a cabo el loteo tal vez más grande, simultáneo, del país) cuyo directorio venía del origen de una acendrada oligarquía colonial. Muchos de ellos eran migrantes del interior del país (de la Provincia de Buenos Aires, del centro y noreste, principalmente), sin experiencia laboral industrial previa, donde ya se habían topado con algunas tareas camperas, y otros, inmigrantes limítrofes y europeos, que huían de la miseria de sus respectivas campañas; o desde países donde la Revolución Industrial no se pudo desarrollar, o se imponía tardíamente muy al modelo extranjero inglés (España, Italia, Paraguay o aun de algunas ex repúblicas soviéticas). El solanense recelaba de la ciudad que lo rechazaba, aun del centro de Quilmes, pero anhelaba construir una nueva ciudad moderna donde integrarse. Por ello las tempranas demandas de autonomía administrativa respecto al Partido de Quilmes (1963). Como gaucho conservaba la pulsión de huir ante la trituradora industrialista (altas jornadas, disciplina horaria, esfuerzo físico tremendo), pero ya no había mucha frontera que traspasar para escaparse, reventando caballos hacia el horizonte. Entonces, los hijos debían realizarse a través del altar del sacrificio propio de sus mayo-res. Puro gauchaje, vencido, pero dignísimo.

Nace Solano también en los valores del indio: bravío, pero ya acorralado o resignado, desprovisto de los bienes económicos y culturales de la colonización a mitad del siglo XX, impermeable a la cultura oficial del imperio, sobre todo inglés, que estaba tan extendido en el país en la década del 40 y del 50, y sumamente desconfiado de los espejitos de colores del hombre “blanco”, como evocación del supuesto “salvaje” contra los “civilizados”. Sin duda, no es casual que nos llamaran los indios de Solano, continuadores de los indios kilmes, a quienes la gran ciudad vivió ignorándolos durante décadas. Esa discriminación absurda y sin fundamentos, puesto que no había ni tal salvajismo ni tales valores civilizadores superiores, se desarrolló a través de una línea muy sutil, simbólica, harto despreciativa y humillante, que es preciso reconocer en cuanto al daño que produjo entre los habitantes encerrados en esa cuenca baja y húmeda. Éramos “los indios”, por cuanto en este concepto se daba por sentado que ellos no aceptaban la culturalización que impone la cultura espiritual y material dominante civilizadora de la ciudad ya erguida sobre sus pies de cemento, bibliotecas, escaparates y neón. El nivel de estudios de los primeros padres solanenses era bajísimo, pero ello no implicaba vacío o negación, sino imposibilidad de acceso. El ideal sarmientino, “civilizador”, de educación no se habría cumplido con ellos. La primer escuela primaria (Nº 53) se funda en 1952 (tres años después de la fundación de Solano), y la primer Escuela Secundaria (Piedrabuena) se funda en 1964, todo un hito.

Nace en los hijos, ya nacionalizados, de la segunda oleada inmigratoria: llegada a la argentina entre 1918-1939, de carácter mayoritariamente campesina y sumamente empobrecida, con poca experiencia de lucha política o sindical (al contrario de la que había venido en la primera oleada, 1870-1914), pero con gran afán por arraigarse a la nación y a sus valores. En 1949 esos hijos ya tenían entre 20/30 años. Que constituyeron, algunos, una base ampliada de peones rurales, y otros se convirtieron en los primeros obreros industriales de la década peronista, y otros más en prósperos comerciantes e industriales. No es casual que a ellos se los llamara, inicialmente, tanos brutos o gallegos ignorantes. Pero la bandera de todos fue el esfuerzo personal, cuidar un capital inicial, construir sus viviendas, formar una familia, y estar muy atentos a la gran dinámica del consumo que tenía el habitante solanense, por ejemplo (corralón de materiales, muebles, electrodomésticos, agua, ferretería, alimentación y vestimenta). Poco después algunos formarán la generación de comercian-tes e industriales prósperos, pequeños y medianos (Cattorini, Provenzano, Rugna, Ressia, Roca, Taraborelli, Arce, Roel, Cambria, etc., y muchos otros) que, vale decir, han tenido su origen de manera indubitable en este proceso que los ha encumbrado. Y también nace en los últimos escapados de la segunda guerra mundial (1939-1945), la última gran tercera ola inmigratoria, que se integraron a las tareas más pesadas (estibadores, albañiles, portuarios, petroleros), o menos calificadas (botelleros, pocistas, vendedores callejeros, etc.). Merece mencionarse por último que nace en la migración interior y de países limítrofes, como ya se dijo: de la campaña a los centros urbanos, ya formados o en formación –como Solano-, producto de la distorsión capitalista campo/ciudad (no es casual que a estos se los llamara, y nos llamaran, los cabecitas negras). La llegada de una fuerte comunidad paraguaya, y de correntinos, entrerrianos y santiagueños, que trajeron sus mitos, ritos religiosos y costumbres, es demostrativo de ello. Que fueron la base de sustentación popular y masiva de la sociedad solanense, “dormitorio obrero” abastecedor del nuevo proceso industrialista nacional.

Nace plenamente en la clase obrera urbana, ya robusta, empapada en la lucha de sus derechos, formada en el proceso industrialista que comenzó en la década del 30 (no es casual que a estos se los llamara los descamisados), hombres ajenos a la corbata de la burocracia estatal reinante, y desde antes ligados a la fábrica, a la producción de bienes, no a la intermediación parasitaria o a la exportación primaria. Que dejó de alquilar y se vino para estas tierras difíciles pero promisorias. Solano fue llamado durante mucho tiempo “dormitorio obre-ro”, porque su clase obrera (la que ya estaba formada y la que se estaba formando) se levantaba a la madrugada, con el canto de los gallos, y retornaba luego de jornadas extenuantes a las primeras horas de la noche. La gran mayoría viajaba hasta Avellaneda, su centro industrial, o desde allí a la ciudad-puerto, cruzando el riachuelo en todas sus direcciones. El peronismo los convocó y los organizó en aquel tiempo del desarrollo de sustitución de importaciones y aumento de calidad de vida (en la familia, en la vivienda, en la educación y en la salud).

La fiesta de las colectividades se celebra en Solano, y tiene una fuerza regional excepcional. Como se habrá notado, cada “nacimiento” se va integrando al mismo tiempo con el otro, no son separables. Y tiene que ver con la conformación de una nueva argentinidad sobre tradiciones y nuevos procesos históricos. Los 200 años del nacimiento del “pueblo libre de los Quilmes” coincide con los 63 años de su entrelazada y fructífera conformación.

 

El Reloj De Los Ingleses. El Peronismo Y Una Nueva Nación. Revisión De La Historia.

De alguna manera con el peronismo nace una nueva Nación -que le molesta tanto al papelero Massuh-, arraigado en estas tradiciones, en esta grandiosa, extraordinaria y nueva mezcla, sobre la cual los liberales no dejan de ser responsables y causantes.

Ellos que acusan al peronismo y a su proceso histórico de alojar tantas “distorsiones” en su impoluta Patria no llegan a reconocer jamás que hicieron de todo para destruir al gaucho; despojaron a saco las tierras indígenas; fomentaron las oleadas inmigratorias con la esperanza fallida de crear una nueva Europa –consagraron previamente para ello la Constitución Nacional de 1853-; y distorsionaron el paisaje rural del mundo federal con las luces de neón de la ciudad-puerto, sus promesas de confort y trabajo mejor pago, y el fracciona-miento de grandes extensiones de tierras suburbanas para el gran negocio de sus ventas financiadas en cuotas. Es decir, por aquello que acusan deben ser acusados, pues manipularon la historia sin pudores; exorcizaron los rituales de las espigas de trigo y las carnes vacunas como si fueran los nuevos dioses o el maná del cielo de una nación exclusiva para los poseedores; hicieron de los altos mandos militares, golpistas y depredadores, sus verdaderos caudillos modernos protectores; e invocaron la pureza de la fe desde falsos altares para anular el fervor católico del pueblo argentino. Los liberales anti peronistas, como Massuh, le quisieron hacer creer a todos que nunca tuvieron una conducta anti argentina; serán siempre los eternos “padres de la Patria”.

San Francisco Solano, que proveyó mano de obra a la papelera Massuh y a otras industrias locales, regionales, y de zona portuaria, conformaba en sus inicios ese típico poblador de un campo que ya dejaba de ser y una ciudad que todavía no era (véase Historia de San Francisco Solano: 1580/1993, Editorial el Monje, páginas 19-21, V.G.G). Sí, como dice Massuh. Pero, justamente, era el único poblador que podía tener por primera vez en la historia una pata en los dos mundos, sin sentirse repelido por su doble condición, sino integrado, campesino y obrero. La ciudad lo seguía amenazando como a Martín Fierro pero también lo llamaba para afincarse y educar a sus hijos; el campo lo expulsaba obligatoriamente a buscar nuevos horizontes en la ciudad pero hacia una zona que todavía era campo, y lo seguirá siendo por lo menos durante diez años desde su fundación (1949-1961), cuando la electricidad permuta el sol de noche y las velas por las bombitas de luz. La oligarquía terrateniente comenzaba rápidamente a desprenderse de grandes extensiones de tierras en el conurbano para lotearlas, que sirvieran de alojamiento (“dormitorio obrero”) a cientos de miles de nuevos pobladores, para abastecer la fase industrial que se había iniciado. Objetivo: evitar expropiaciones, tener una fuerza fantasmal poderosa arrinconada y controlada, no deambulando por su centro, y hacer pingues negocios con la venta de las tierras.

Los “científicos” marxistas no pudieron comprender el ambiguo fenómeno, esta extraordinaria mezcla, obnubilados por categorías puras que, acá -concretamente en Solano y en todo el país-, no se daban (desde hace mucho está dicho que El Palacio de Invierno de San Petersburgo en Rusia estaba muy lejos, y que sobre la Casa Rosada apenas había nevado una sola vez a comienzos del siglo XX). Pero los liberales también comprendieron menos (la República culta francesa, o la cúpula del Capitolio norteamericano también estaban muy lejos para entender algo del gauchito, el cabecita negra, el indiecito, el tano, el gallego, y el obrero peronista). Lo más cercano a Inglaterra era la Torre de los Ingleses que la Reina nos regaló para el centenario.

Ese primer peronismo, a medida que construye el nuevo futuro nacional, también reconstruye el pasado del que viene, porque aparecen fuerzas que estaban dormidas en ese pasado, aquellas que perturban tanto al empresario filósofo, para quien la historia debiera permanecer inalterada desde la fantasiosa hipótesis que tiene de la Nación primigenia.

El peronismo moviliza el lenguaje creando accesos a la educación primaria y secundaria de grandes masas, que ahora no pasará solamente por los principios alfabetizadores y civilizadores de la Ley 1420, sino por su ideologización política. Y a la universidad, de los sectores medios. El peronismo retorna a la mejor tradición belgraniana: el trabajo es fuente generadora de riqueza y ahorro. El peronismo arraiga en la conciencia de la defensa del patrimonio nacional sustentada en las fuertes empresas del Estado; por lo tanto, las raíces de la tierra no serán ya más abstractas portadoras de ese patrimonio, sino imaginadas desde lo colectivo, desde la creación de un espacio público de soberanía, no desde una propiedad demarcada por alambrados y tenencia de vacas y ovejas. El peronismo cambia los paisajes urbanos y, de alguna manera, los rurales, pero no destruyéndolos, sino congregándolos. Este cambio, tumultuoso, va a provocar mucha exaltación nerviosa pues las calles y la ciudad de Buenos Aires, y las afueras de Quilmes, ya no serán como antes, apacibles de geranios y malvones, o melodramáticas con los pomposos carruajes fúnebres que exaltaban la muerte de las grandes familias, o pródigas en alfalfares y gramíneas Es el peronismo el que nos instala en una cierta modernidad tardía para la Argentina, y no la “europeización” de la generación de 1880, que solo nos instaló en la dependencia, alargó y profundizó la miseria. Es el peronismo el que por primera vez diseña objetivamente una dicotomía entre pueblo y oligarquía, empero sin lograr resolverla, historia y anti historia. Es el peronismo el que más trabaja la mar-cha de la racionalidad histórica argentina en los comienzos de una globalización independiente, cuando las fuerzas más re-pugnantes de la irracionalidad sanguinaria, antipopular y anti histórica, se desatan con el derrocamiento de Perón en 1955, el líder mesiánico y protector, y quedan al desnudo, como lo que siempre fueron: irracionales, despóticas, antidemocráticas y antinacionales, produciendo los más profundos descalabros del paisaje nacional, que costará décadas revertir.

Debería prestarse suficiente atención en cuanto a que en San Francisco Solano se cumplen todos estos elementos que señalamos más arriba, con sus particularidades. La “conciencia” quilmeña –una categoría bastante difícil de definir-, debería interpelarse más sobre las características de su patio suroeste. Por último, la generalización del lenguaje nacional disciplina a los hijos de cocoliche, del acento gallego, y del usté guaraní. Una parte de los sueldos y jornales, cultura del trabajo, serán destinados a pagar chapas, ladrillos y muebles, los que se levantarán a cuchara y martillo todos los domingos. La tierra será subdividida en miles de parcelas iguales, y será el asiento de una nueva organización colectiva ciudadana, creciendo al unísono. Los paisajes, donde el horizonte pampeano, plagado de gramíneas y alfalfa, hendido por un arroyo, será transformado definitivamente, aun con la decadencia contaminante y abrumadora que trae esa modernidad tardía. La construcción y desarrollo de Solano obedeció como ninguno a la marcha de la racionalidad y necesidad histórica de la Nación de aquel entonces. La Nación y el peronismo no hubieran sido posibles sin Solano, sin varios Solanos. Y Solano no hubiera existido sin el 45. Por donde lo miremos, emergió del estómago de la ballena.

A veces, mirar con lupa el diente de un troglodita sirve para reconstruir todas las formas de su cráneo y costumbres Y tomado en la palma de la mano empezaremos a sentir la Argentina profunda. Al principio como un cosquilleo, como una nervadura que crece. Entonces, cuando algún quilmeño se pregunte por qué persisten y permanecen estas formas sociales y políticas en San Francisco Solano tal vez encuentre en estas razones una posible explicación.

Víctor Gullotta

 
 

Un comentario sobre “¿Cómo sentimos a la Argentina?

  1. Muy interesante el articulo de Víctor Gabriel Gullotta, buscando encontrar los nexos entre los diversos procesos políticos, históricos y sociales que han de producirse en Quilmes Oeste y San Francisco Solano a mediados del siglo XX, configurando así la aparición y desarrollo del peronismo en el “dormitorio obrero”, marginal y salvaje -según el análisis de ciertos “intelectuales” y empresarios- surgido en territorios loteados que alguna vez fueron dominios de indios y gauchos.

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