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Cattorini: la fabricación de botellas de vidrio desde Quilmes al país. Familia y nación.

Los inmigrantes y los inicios

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Humberto y colaboradores en el inicio de la fábrica de lavandina

La familia Cattorini es un símbolo del papel que jugaron ciertos inmigrantes y sus hijos ya argentinos en el desenvolvimiento de la industria nacional con algunas particularidades que es interesante destacar. La fábrica de botellas de vidrio más grande del país está en Quilmes (Avda. Tomás Flores -ex Pasco- y Avda. Donato Alvarez). Tiene ocho hornos de fusión de vidrio (cinco aquí, uno en San Juan y dos en Mendoza). Su nombre social es Cattorini Hnos S.A., coaligada con Rigolleau SA -la cual se vuelca sobre todo a la línea hogar, en la localidad de Berazategui-. Se encuentra hoy emplazada en el límite Oeste del Partido de Quilmes desde hace más de 65 años con producción ininterrumpida para todo el mercado interno y una parte para el suramericano. ¿Pero qué hay detrás de esta empresa nacida del emprendimiento familiar de dos hermanos? ¿Cuáles pueden haber sido los procesos sociales históricos que la llevaron a estas cumbres, más allá de la supuesta “voluntad”, “tesón” y “sacrificio” y sentido de la “oportunidad” con las que se suelen adornar egregiamente sus propios fundadores cuando se refieren a sí mismos?
La familia núcleo estaba compuesta por Carlos Cattorini que llegó desde Italia vía Montevideo cuando tenía once años a fines del siglo XIX, y por Luisa Borlandi, diez años menor, también de origen italiano. Llegó a la Argentina en la segunda gran oleada de la inmigración italiana, cuyo componente social principal eran campesinos empobrecidos y hambreados del sur de la península itálica, a diferencia de la primera (1865/70), que eran obreros con alguna experiencia industrial de la zona media y alta, expulsados por la falta de expansión, fracaso relativo y rechazo de la revolución industrial en aquel país del sur de Europa. El matrimonio conformado años después en la Argentina tuvo diez hijos (cinco varones y cinco mujeres) y se radicaron en Valentín Alsina. El patriarca Carlos supo saltar las limitaciones labrantiles de sus congéneres de época y se hizo corredor de ventas de la Cervecería Palermo en Buenos Aires. De los cinco varones Enrique nació en 1917 y Humberto en 1920. Enrique y Humberto Llegarían juntos a desarrollar uno de los grupos industriales más grandes de la argentina, si bien nunca se los vio integrar grupos de presión política, como por ejemplo la Unión Industrial Argentina (UIA, donde sí se destacó en otro momento dentro de los llamados “Capitanes de la Industria” del menemismo la familia Massuh –que llegó a ser una de las productoras más grande de papel resma, de envoltura y escolar del país, con epicentro también en Quilmes, sobre el Camino Gral. Belgrano, hoy fundida por sus propios dueños, y pivote del vaciamiento del pensamiento industrialista de la argentina-). (1)

De lavandineros a licoreros

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Chata de reparto de lavandina

Allá por 1937, otro de los diez hermanos-llamado Juan-, tenía una envasadora de lavandina y con su experiencia y consejos transmitidos hacia Enrique y Humberto levantaron en la calle Agüero 1461 (hoy Crisólogo Larralde) su primera fábrica de lavandina. Allí comenzaron a preparar y envasar lavandina y acaroína en botellas de vidrio de un litro. A fines de esa década ya tenían una pequeña industria con 20 personas trabajando. Era la época de la expansión de los ritos de limpieza de conventillos, orfanatos, casas de familia, hospitales, lugares públicos masivos. Importaban desde Europa en tambores de 200 litros la pasta base para la lavandina, el hipoclorito de sodio, que se diluía en piletones para luego ser envasado en botellas de vidrio. Enrique se casa en 1941 y tiene siete hijos y Humberto lo hace en 1945 y tiene cinco hijos. Ambos ya fallecidos lo suceden sus hijos y sus nietos, quienes siguen al frente de la empresa
Para esa época cuentan que llegó al puerto de Buenos Aires un buque mercante cargado con tambores de hipoclorito, muchos de los cuales habían sido averiados por un ataque de guerra en alta mar, y se vendía por lote completo. Los dos hermanos Cattorini compraron a ciegas ese lote y fue, en medio de la desgracia de los tiempos, un golpe de suerte para su patrimonio. En 1945 los hermanos deciden vender las instalaciones de la fábrica de lavandina quedándose con el terreno y la marca. Pero esta actividad inicial les había permitido desarrollar la reventa de botellas a los licoreros.
Después de la gran guerra mundial la industria de botellas de vidrio todavía no estaba concentrada, había varias fábricas sin volumen de escala, y escaseaba la materia prima, faltaban envases en los depósitos, y los licoreros tuvieron necesidad de recurrir al mercado de reposición de botellas usadas para completar el abastecimiento que recibían de las cristalerías. Los Cattorini ya tenían para ese entonces desarrollados los vínculos de la compra de grandes cantidades de botellas, las cuales lavaban, clasificaban y revendían a las licorerías. En 1946, con ayuda de expertos, pasaron de ser distribuidores de botellas a licoreros y fraccionadores de lavandina en botellas, a productores de licores de diverso tipo: caña, grapa, ginebra, guindado, anís, vermut, fernet, licores y refrescos como granadina y naranjada. La grapa y la caña compitieron con las mejores marcas y tuvo mucha difusión el Litoral y Noreste argentino. Frente a la fábrica aquella corría el trocha angosta del Ferrocarril Provincial trasladando mercaderías al Mercado de Frutos y Haciendas de Avellaneda desde el interior profundo, del cual nos hemos referido en otro trabajo (2). Al poco tiempo, la fábrica de licores estaba en plena expansión pero se encontró con la dificultad de la falta de botellas de vidrio para atender a su mercado de consumo. Y comenzaron a imaginarse como productores de botellas de vidrio para atender las necesidades de la propia producción de licores.img_20170310_151355803web

De licoreros a productores de botellas de vidrio

Entonces, en 1948 a raíz de un loteo en la zona compran diez parcelas de tierra en Avda. Pasco (hoy Tomás Flores), cerca de los límites oeste del Partido de Quilmes y Lomas de Zamora. Campos donde llevaban sus animales de acarreos de distribución de licorers a pastorear y descansar. En 1952 la fábrica ya estaba instalada. Cattorini como fábrica de botellas de vidrio nace y se desarrolla dentro del contexto del primer peronismo que, como es sabido, le dio un importante impulso al consumo de bebidas populares de todo tipo (sidras, vinos, cervezas y otras bebidas fuertes). La máquina de hacer las primeras botellas fue de fabricación nacional y como no había línea eléctrica de abastecimiento suficiente instalaron un motor a gasoil. Arrancó con una fabricación de 20 toneladas diarias (alrededor de 40.000 botellas verdes de litro), para vermut, ginebra, leche, aceite y sidra. Luego le siguieron los envases color ámbar para ginebra, vino y cerveza, y para licores. Y por último se completó con envases de vidrio blanco para whisky, gaseosas y licores. Hoy están en alrededor a 2.400.000 botellas diarias. Con el éxito de las botellas el negocio de la producción de licores fue abandonado. Únicamente les quedó de aquella la producción de caña con el propósito de abastecer a las tabacaleras que lo utilizan para aromatizar el producto. _mg_5154wb Comenzaron a abastecer a licorerías de importancia como Gancia y Padilla (Cubana Sello Rojo y Sello Verde), a bodegas como Tosso, Pernod Ricard SA, Giol , Suter, Arizu y a Fecovita (una cooperativa que agrupa a 29 cooperativas con 5000 productores bodegueros asociados, en Mendoza) y también a la Cervecería y Maltería Quilmes SA, Fratelli Branca SA, Escorihuela SA y Cinzano, columna vertebral de su crecimiento en la década del 60. En la década del 70 se incorpora la fabricación de botellas para gaseosas para las principales marcas, y a partir de la década del 80 comenzaron a exportar a algunos países suramericanos. Hoy ocupa más del 60% de la producción interna de botellas de vidrio, con 1500 empleados. Podemos decir que Cattorini como empresa de origen nacional, espíritu itálico acriollado, custodiada por una familia amplia de varios componentes, logró consolidarse objetivamente a través de dos grandes movimientos. Por un lado desplazando continuamente a las pequeñas fábricas de botellas de vidrio (la mayoría de las cuales usaban los sistemas de “sopladores” o velocidades muy lentas) debido a una tecnificación más actualizada y anclada en los modelos de hornos y máquinas más modernas de Europa, reinvirtiendo una parte de sus utilidades Por el otro cobijándose en clientes multinacionales que tienen directamente el manejo, producción y comercialización del producto de distintas bebidas en el país, convirtiéndose en abastecedor fundamental de estas industrias. La competencia extranjera ha querido quebrar el cuasi monopolio de la producción de botellas de vidrio que tiene Cattorini en el país pero no lo logra (caso Rayén Curá, en Mendoza, propiedad del grupo internacional Saint Gobain). Son muchos años de experiencia e inversiones que juegan a favor del italianismo empresario acriollado. Pero no es el único ejemplo en Quilmes de empresas de fuerte componente familiar nacional que crecieron enormemente pero se mantuvieron al cobijo de la demanda de otras multinacionales, fenómeno que debe estudiarse como arquetipo de una “burguesía nacional” cuyo derrotero independiente real quedó trunco por razones objetivas en aras de su subsistencia dentro de un mercado general, ahora muy globalizado, de fuerte concentración económica. No obstante, también hay otro contexto que conspira insidiosa y más lentamente en este caso: la botella de vidrio por supuesto es una producción limpia, segura, milenaria; la civilización del vidrio que acompañó al hombre casi desde siempre. Se mantuvo hundida, por ejemplo, durante milenios en las bodegas de los barcos que se fueron a pique en las profundidades del mar y nos legó sus mensajes y secretos, inalterada, de mundos sociales ya desaparecidos. Pero hace varios años que, a la luz del mundo moderno y más “barato”, viene siendo cercada por la “civilización” laica y práctica, efímera, del plástico y la lata de aluminio. Tiene a su favor, todavía, las bebidas que por razones de seguridad, presentación y mantenimiento de calidad no pueden ser sino envasadas en vidrio, pero cada vez más para el reducido sector “gourmet” y menos para el pueblo. La historia sigue abierta. No hay nada permanente. Entre el vidrio y el plástico subyacen luchas espirituales subterráneas. Entre lo itálico acriollado y lo multinacional apátrida también subyacen otras luchas

Fuente y referencias:
“Cristalerías Cattorini Hnos. Historias de una Tradición”, Toer Ediciones, año 2002, Cristalerías Cattorini Hnos SAICF e I. 49 páginas.
(1) Ver en “Quilmes, 346 años y un bicentenario 1666-1812-2012”, 10 autores para un homenaje, “La Filosofía papelera de Massuh y algunos aspectos del nacimiento del peronismo en San Francisco Solano. ¿Cómo sentimos a la Argentina”, Gullotta Víctor Gabriel, pág. 129, Edit. Buenos Aires Book, año 2012.
(2) Idem ob. Cit, “Breve Historia del Ferrocaril Provincial”, GVG, pág. 143.

 

4 comentarios sobre “Cattorini: la fabricación de botellas de vidrio desde Quilmes al país. Familia y nación.

  1. Muy interesante La nota de cattorini. Soy de san Francisco Solano, tengo 41 años y gracias a esta nota pude conocer cómo fueron los comienzos de La fábrica. Desconocía totalmente el tema de La lavandina y los licores. Felicitaciones

  2. Muy interesante la historia de esta fábrica y de muchas más que dejaron una huella importantísima en el país dando trabajo a muchos argentinos Felicitaciones

  3. Guillermo Saavedra, mi padre, trabajo con ustedes casi 40 años!
    Con los dos hermanos en Pasco y luego en Aguero.
    Conocio a los hijos siempre nombraba a Beto.
    Les guardo gratitud: cuando cumpli los 15 años les pidio ” un prestamo”
    Que le otorgaron…lo supe mucho despues…la gratitud tambien es mia.
    Obrero de la pintura, de los oficios..
    Nada lo detenia…se enfermaba venia el Dr. Sabattini a casa y le decia: cama uns semana!
    – No. Dr. Humberto me mata!!
    El dia de su sepelio camino al cementerio cruzamos un camion enorme y tan familiar de “Cattorini Hnos.”
    Entre lagrimas le dije: viejo vinieron a despedirte…..me lo imagino orgulloso…como lo estuvo siempre de ser parte.
    Mi viejo….
    Mis respetos a todos.

  4. Interesante la nota, aclara lo importante de esta industria y su lugar en nuestro país.
    No la conocía, pero impresiono al pasar frente a esta.
    Pero veo que la empresa avanzo, LA ZONA NO.
    Me pregunto el porque.
    atte

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