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Algunos mitos y tensiones de la identidad quilmeña

Se cumplen 352 años del origen de Quilmes.  Buen momento tal vez para repasar algunos hechos y procesos en los cuales todos nos podemos reconocer, y discutir, que constituyen nuestra diversa y rica “identidad”, cargada de tensiones y evocadora de mitos eternos.

Nuestro nombre y emplazamiento de la actual Ciudad viene de sus primeros habitantes, una comunidad indígena serrana de Tucumán. Fuimos  Ciudad indígena entonces.  Origen de indios combatientes contra una civilización europea, “pacificados” sin remedio por las instituciones coloniales.  Y podemos decir que se trata de la primera vez que la “barbarie” indígena fue forzosamente disciplinada por la civilización europea, y acriollada en las tierras cercanas al Río de La Plata.  El mito libresco de la grieta bajo la consigna de “Civilización o Barbarie” de Sarmiento ya estaba inventado cuando el sanjuanino le puso su interesada descripción a favor de los civilizadores, bajo otras circunstancias y mucho tiempo después.

Ciudad localizada a escasos 20 kilómetros de Buenos Aires, el primer gran rancherío después que Juan de Garay dibujara su cuadricula y la extendiera con suertes de estancias por toda esta ribera hasta las costas de Ensenada, hasta que en 1666 los Indios Quilmes (o Kilmes) rompieran su lenta e inhóspita letanía solitaria poblándola bajo la forma de una Reducción, semiesclava y semifeudal, hasta 1812, fecha oficial de su extinción.  Pasaron los años y una burguesía local se fue asentando en el centro de las antiguas tierras donde vivieron aquellos, en sus brumosas y enigmáticas barrancas, en los alrededores de la Iglesia, que pasó a ser más o menos su centro administrativo, político y comercial.  Una clase particular que hizo todo lo posible para imitar a sus prósperos colegas del otro lado del Riachuelo, sin los mismos recursos, en una ribera de poco calado, sin puerto, más bien plana, sometida a sudestadas y bajantes repentinas, y apenas un canal pequeño para desplazar veleros deportivos. Ciudad que soñó durante mucho tiempo ser un lugar de tránsito a través de un mítico puente hacia Colonia, Uruguay, y que, por ello mismo, le cuesta pensarse a sí misma con sus propios e intangibles valores.

Ciudad de desembarcos e invasiones foráneas, y activa en contrabandos comerciales que sabotearon a las propias instituciones que nos supimos dar durante el periodo español.  Los primeros chisporrotazos contra los ingleses que traían la bandera de los heresiarcas fueron lanzados repentina y brevemente por estas playas, y algún primer empantanamiento y susto históricos le pudimos propinar.

Textilia 1940 Foto Museo Fotográfico de Quilmes

Ciudad de la multinacional cervecera inspirada en la cebada alemana y no en la chicha incaica indígena, que vino a desplazar el vino y otras bebidas espirituosas fuertes.  Pero también ciudad de otros empresarios nacionales, como la fabricante de botellas de vidrio Cattorini, que de lavandinas, licores, y otros, abasteció  el consumo popular de todo un país. Ciudad de los textiles que se llevó con espanto y desgracia las políticas iniciales de la globalización, el dólar barato, el neoliberalismo y la confusión ideológica de varios dirigentes.  Aquí como en ningún lado se conoció aquello de “made in Taiwan”. Y murió una industria nacional floreciente.

Ciudad de equipos de fútbol, de amores irreductibles, alguno casi condenado a subir como a bajar de primera división en un eterno castigo similar al de Prometeo subiendo la montaña para alcanzar el fuego de los dioses y destronado por su imposible como altanera, pero tenaz audacia.  Los quilmeños parece que estamos por las nubes tocados por la vara de los grandes tanto como a veces caídos en la ignominia chata de los reptiles. Ciudad con mucha historia e historiadores, algunos fijados como niños a supuestas figuras egregias de alcaldes, jueces de paz, maestros y directores, grandes comerciantes, industriales y políticos, y otros tratando de explicar qué hay detrás y por debajo de lo emergente e ilustre: en fin, el barro por el cual transcurre la historia real. ¿Qué es lo que realmente ha construido nuestra identidad?

Ciudad de indigentes y amables corazones abatidos, como el de Churrinche en las calles del centro, o completamente desolados, desgreñados, vagabundos sin destino, caminando con gatos sobre su cabeza y perros de compañía, como el de Fernando en La Florida.  Cada uno se asimila a su respectivo paisaje y genera las reacciones correspondientes.

Ciudad de edificios altos con mirada al Río cuyas aguas bajan del interior profundo; atildada, orgullosa, lujosamente ordenada, limpieza que parece ser la deidad a adorar -o repudiar en el intento-. Paradójicamente le fue dando cada vez más la espalda al acuoso fluir, y cuando se la dio por completo porque ese Río se volvió sucio por barroso, cloacal, en el que otrora se bañaban y bullían por miles ciudadanos de todo tipo, no tuvo otra posibilidad que mirar hacia el Oeste, en el que por ese lado crecían los barrios pobres de antaño llamados “La Colonia”, y más allá el desierto “difícil” de entender y aceptar. Y allí ya no pudo mirar más su propio ombligo.  Por el Este un Río mítico pero realmente imposible de navegar y de pescar, salvo por sus marginales, y por el Oeste, los reflejos varios del llano y la pobreza.  A Quilmes le costó integrar a todos, y es más, algunos se fueron separando de él.  ¿Cabe preguntarse dónde reside su fuerza, centrípeta o centrífuga, o está en todos lados?  ¿Somos todos? Las joyerías de Rivadavia donde no podemos apoyar casi la ñata contra el vidrio y el mítico “cabecita negra” de Solano.  El Este rico y un Oeste en degradé.  Hacia donde se arrojen los necesarios (o innecesarios) asfaltos, se limpien las aceras y se cambien las luminarias, veremos a los demócratas o déspotas de turno diseñando sus políticas para un lado o para el otro. ¿Cuándo el para todos, y según necesidades?

Ciudad donde desembocan varios arroyos y riachos de la llanura pampeana y un tren nacional con estación de factura inglesa, y otro Provincial (ya desaparecido) con estación de reflejos franceses, que los cortaba a todos tranversalmente para comunicarnos con el Norte y con el Sur.

Señalización de El Pozo

Ciudad donde en la cancha de River del Mundial de 1978 se encontraron dos entrañables quilmeños como son el Pato Filloy y el solanense Víctor Dell Acquila (amputados sus dos brazos) en “El Abrazo del Alma”.  Pero también Ciudad que durante esos mismos momentos torturaba en El Pozo de Quilmes.  La ciudad de Quilmes como góndola de los productos que fabrica para el mundo, o como Ciudad cada vez más importadora de las góndolas extranjeras, desde supermercados, fábricas de herramientas, textiles, industrias diversas. Colonia, o Ciudad independiente con desarrollo industrial propio.  En esas tensiones, que se han puesto en disputa otra vez, se va nuestro próximo y nuevo destino.

Víctor Gullotta

2 comentarios sobre “Algunos mitos y tensiones de la identidad quilmeña

  1. El artículo de Víctor Gabriel Gullotta nos lleva a reflexionar sobre la historia de la ciudad y como las tensiones latentes en ella han ido configurando nuestra identidad quilmeña.
    Por un lado el pujante desarrollo de una burguesía local que, salvo excepciones escasas, miró hacia el río confiando ver llegar desde Europa el progreso asegurado por el paradigma sarmientino.
    Tanta fue su fe en el progreso que la Ciudad llegó a imaginarse como capital provincial.
    Ese éxtasis “civilizatorio” la llevó al olvido y el desprecio del interior “bárbaro”, ya sea originario, criollo o mestizo. Pero sus inicios como destino final de un pueblo aborigen condenado a la humillación y exterminio por parte de los colonizadores habría de resonar como un eco ancestral; un llamado de la sangre y la tierra a los descendientes provincianos.
    Y los cabecitas negras y los descamisados poblaron y se expandieron por las tierras quilmeñas que la ciudad pretendió ignorar. La realidad política y social creaba nuevas configuraciones de una identidad local que aun no culmina . Si la Ciudad no logra incorporar al este y al oeste en una identidad común a las mayorías es posible pensar que los procesos de autonomía de algunas localidades quilmeñas continuen profundizando las históricas tensiones que la han caracterizado.

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