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17 Noviembre del 72 -Peregrinación al encuentro del destino

2015-05-03_15-26-09_73 Había que reencontrarse con el destino que asumía forma esperanzadora. Después del obligado exilio y de tanta miseria, era imperioso llegar a Ezeiza. Perón volvía, porque le daba el cuero, porque era necesario. Luego de diecisiete años complejos, violentos. De prohibiciones y retrocesos. Diecisiete años de negación y proscripción del sentir de la mayoría.
Había que llegar a decir presente: el corazón intacto y la sangre caliente. Volvía: quince horas de vuelo, seis mil doscientos sesenta y ocho días de destierro. Por las dudas, veinticinco mil efectivos desplegados para evitar una fiesta popular.
Por eso habría que caminar de noche, bajo la lluvia, con los militares acechando, presionando, marcando la cancha, aun en retirada. Porque aquella dictadura también se iría por la puerta de atrás, después de matar, y aplicar políticas que perjudicaron al Pueblo.
De Quilmes salieron varios grupos de militantes, sin mapas. Era primavera y de la plaza de la Juventud, Solano, Bernal Oeste, los murmullos y cantos se prolongarían marcando caminos. Es probable que un solo grito uniera columnas que transitaron impacientes, calles de tierra y terraplenes. El compromiso implicaba esfuerzos, en definitiva, era el Sur que marchaba, chapaleando el barro y los años de miserias humanas.
Había que dejar en claro que no lograron el olvido.
Pero ni los hidrantes, ni las tropas, ni los helicópteros sobrevolando, sabían de reconocimiento a las pasiones: no se podría ir por el Triángulo, habría que evitar la intersección de Avenida La Plata y 12 de Octubre, escabullirse entre alambrados, y desde Monte Grande, tratar de llegar a Puente Doce.
Y cuando se veían las torres de Ezeiza, el límite estaba marcado. Alrededor de las siete de la mañana, los militares no dejarían continuar la marcha. Comenzó la represión.
Los curas José Tedeschi y Luis Farinello pedían que no dispararan. Inútil intento. Fue ahí que cayó el quilmeño Oscar Saldaña, atendido primariamente por Oscar Avena, Carlos Pandiani (p) y Ariel Bucich [1].
No habría forma de seguir.
El charter que llegaba de Madrid con ciento cincuenta y cuatro pasajeros aterrizó a las 11.08. Pocos pudieron verlo.
La historia no sabe de merecimientos

[1] Posteriormente lo atendió el doctor Malah y sobrevivió luego de meses de internación

 

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